Síndrome de piernas inquietas

El Síndrome de Piernas Inquietas (enfermedad de Willis-Ekbom) es un trastorno de origen neurológico, en el que se producen unas sensaciones molestas en las extremidades (principalmente las piernas) durante el reposo, por ejemplo al permanecer sentado o acostado.

Cuadro Clinico:

  • La necesidad irresistible de mover las piernas, normalmente acompañada de una sensación molesta en ellas.

  • Inicio o empeoramiento de los síntomas con el reposo o al permanecer acostado o sentado.

  • Mejora o cese de los síntomas tras mover las piernas.

  • Aparición o predominio de los síntomas durante la tarde o la noche.

Puede afectar a un 10 % de la población mundial, No se trata de una enfermedad grave, que sea causa de muerte, pero sí de terribles desasosiegos que disminuyen la calidad de vida del paciente y de aquellos que le rodean. Si no se tratan pueden devenir en crisis nerviosas y depresión.

El síndrome de las piernas inquietas (SPI) puede estar relacionado con otras afecciones y puede ocurrir con mayor frecuencia en personas con:

Enfermedad renal crónica, diabetes, deficiencia de hierro, Parkinson, neuropatía periférica, embarazo, esclerosis múltiple.

Los investigadores también han descubierto que la cafeína, el alcohol, y el tabaco pueden agravar o provocar los síntomas en los pacientes con predisposición a desarrollar el SPI. Algunos estudios han mostrado que una reducción o la eliminación total de tales sustancias puede aliviar los síntomas, aunque no está claro si la eliminación de estas sustancias puede evitar que los síntomas del SPI ocurran del todo.

Aunque el movimiento produce alivio a los pacientes con SPI, generalmente es sólo temporal. Sin embargo, el SPI se puede controlar si se encuentra otra posible afección que contribuya al síndrome. A menudo, al tratar la condición médica asociada, como la neuropatía periférica o la diabetes, se alivian muchos de los síntomas. Para los pacientes con SPI idiopático, el tratamiento se dirige al alivio de los síntomas. Los cambios en el estilo de vida, las técnicas de relajación y el ejercicio moderado durante el día, pueden ser útiles. Los médicos pueden sugerir que algunas personas tomen suplementos para corregir deficiencias de hierro, folato, y magnesio. Los estudios también han demostrado que si se mantiene un patrón regular de dormir, se pueden reducir los síntomas.

Los médicos también pueden sugerir una variedad de medicamentos para tratar el SPI. Generalmente los médicos escogen entre dopaminérgicos, benzodiacepinas (depresores del sistema nervioso central), opioides, y anticonvulsivos. Desgraciadamente no hay una sola droga que sea eficaz para todas las personas con SPI. Lo que puede ayudar a una persona puede en realidad empeorar los síntomas de otra. Además, los medicamentos que se toman regularmente pueden perder su efecto haciendo necesario que los medicamentos se cambien periódicamente.