El Síndrome del Latigazo Cervical (Whiplash)

El síndrome del latigazo cervical (SLC) o whiplash associated disorder (WAD)
se puede definir como un mecanismo de aceleración y desaceleración en el cual la energía se transfiere al cuello, lo cual se traduce en una serie de trastornos tisulares, ocasionando diferentes manifestaciones clínicas. Constituye un gran problema de salud pública debido a su alta incidencia (entre 70 y 329 por cada 100.000 personas en Estados Unidos), siendo el trastorno más común tras un accidente de tráfico. Se ha demostrado que al menos un 50% de los pacientes que presentan el SLC continúan con síntomas un año después de haber sufrido el accidente, lo cual supone un alto gasto sanitario (alrededor de 10 billones de Euros al año en Europa).

En un estudio realizado con pacientes del Servicio Médico-Forense de Huelva se observó un predominio del sexo femenino (61,9%) con una media de edad de 35,25 años, una media de curación/estabilización de 60,75 días y un tiempo de incapacidad de 45 días aproximadamente, lo cual contrasta con un estudio realizado en Quebec, Canadá, donde se estimó que el tiempo medio de curación varía entre 17 y 123 días, siendo el tiempo mínimo para varones jóvenes y el máximo para mujeres de mediana/avanzada edad.

En cuanto el mecanismo de producción del whiplash, Panjabi et al (1998),
observaron que este fenómeno se producía en dos fases. En la primera se lleva a cabo una forma sigmoidea (S), en la que la parte superior de la columna cervical va a flexión y la inferior a extensión, y en la segunda se lleva a cabo la hiperextensión completa de la columna cervical. No obstante, es en la primera fase en la que se produce la lesión, localizándose la máxima elongación de los ligamentos capsulares a nivel de las vértebras C6-C7.

Se ha demostrado que el fenómeno de whiplash se produce en los primeros 50
milisegundos tras la colisión, y que tiene lugar a velocidades a partir de los 8km/h, debido a que la cabeza puede sufrir una aceleración de más del doble de velocidad. Conforme aumenta la velocidad aumenta la severidad de la patología, pero también influyen otros factores como la posición del pasajero (peor en el asiento delantero), la estructura del coche o la colocación del reposacabezas (tiene que estar a menos de 10cm de la cabeza.

Teasell RW et al (2010) clasifican a los afectados por el SLC en base al tiempo transcurrido desde que se produjo la colisión, siendo pacientes de tipo agudo (menos de dos semanas desde que se produjo la lesión), subagudo (entre dos y doce semanas) y crónico (más de doce semanas de evolución). Otra forma de clasificación la encontramos mediante la Quebec Task Force (QTF), la cual data de 1995, donde diferencia a los pacientes con SLC por cuestiones anatómico-fisiológicas, y no por el tiempo transcurrido desde que se produjo la lesión. Así, diferenciamos entre pacientes de grado I (aquellos pacientes con dolor de cuello pero sin signos musculoesqueléticos, y con el rango de movimiento normal completo), pacientes de grado II (pacientes con dolor y limitación de movimiento en el cuello), pacientes de grado III (grado II más síntomas neurológicos) y pacientes de grado IV (con problemas estructurales óseos o ligamentosos). Los principales signos y síntomas presentados tras un sufrir esta lesión son: dolor, tensión, rigidez, entumecimiento y alteraciones sensitivas en el cuello, cabeza y hombros.

Existen multitud de tratamientos fisioterápicos para esta patología, tales como el tratamiento de partes blandas, estiramientos, programas de ejercicios, inmovilización por collarín o electroterapia.

La terapia manual ha sido demostrada eficaz para la reducción del dolor cervical tanto agudo como crónico por diversos autores, así Cheng YH & Huang GC (2014) mostraron en su meta-análisis la eficacia del tratamiento en pacientes con dolor y disfunción cervical. Del mismo modo, Salom Moreno et al (2014) observó que la movilización y la manipulación articular también reducía el dolor de cuello en pacientes con cervicalgia mecánica. Así, las movilizaciones vertebrales consisten en un deslizamiento de baja frecuencia entre vertebras, llevado a cabo a través de las fuerzas que transmite el fisioterapeuta a través de sus manos, y pueden ser aplicarse con diferentes grados, si bien todos ellos buscan actuar sobre el dolor y la funcionalidad articular. La intención de estas movilizaciones es aplicar un movimiento entre vértebras únicamente, pero se ha demostrado tanto in vivo como in vitro que al llevarlas
a cabo se arrastran también estructuras colindantes, como vertebras adyacentes y médula espinal. Las manipulaciones vertebrales constituirían un grado V respecto a las movilizaciones (técnicas de alta velocidad y baja amplitud), considerándose una técnica de empuje de alta velocidad. Ambos términos son utilizados ambiguamente por equivocación, y las técnicas se suelen utilizar con los mismos fines.

En cuanto a los programas de ejercicios, son aquellos llevados a cabo por el
propio paciente para potenciar los músculos de toda la zona del cuello, tanto los superficiales (ya que estos sustituyen la acción de los músculos profundos) como los más profundos, con el objetivo de conseguir una reestructuración del control motor y una mejora en las estructuras musculo-esqueléticas del cuello, para finalmente conseguir una reducción del dolor. También se incluyen ejercicios para el entrenamiento de la fuerza, la resistencia, estiramientos, ejercicios aeróbicos y funcionales, siempre relacionados con la anatomía del cuello.